El vuelo de la vida, del inframundo al cielo

En las entrañas de la reserva de selva tropical más grande de México se encuentra un oculto cenote. Su interior, pocas veces visitado, atestigua la presencia de nocturnos huéspedes. Cada ocaso indica el inicio de uno de los espectáculos naturales más increíbles y hasta ahora desconocido. Oscuras alas surgen de las profundidades en forma de remolino. Se avista a contraluz la estampa en el cielo. Es una gran columna con millones de murciélagos que se dispersan fugazmente entre las ramas de los árboles. ¡A volar, que la selva espera!

El volcán de los murciélagos alberga la comunidad más grande de quirópteros en territorio mexicano. Se encuentra en Campeche dentro de un hábitat protegido, la zona sujeta a conservación ecológica Balam-Kú, región complementaria al corredor biológico mesoamericano de la Reserva de la Biósfera de Calakmul, el segundo pulmón natural más grande del continente americano y el primer Patrimonio Mixto de la Humanidad por la UNESCO en el país.

Diversas especies habitan en ella, desde anfibios, reptiles, aves, mamíferos, especies vegetales y más de dos millones de murciélagos convertidos en los polinizadores más importantes de la selva entera. Son activos dispersores de semillas, facilitando la auto-reforestación. Además, ayudan a la polinización de plantas y devoran posibles plagas. Estos mamíferos representan un importante eslabón ecológico. Y su alado movimiento los convierte en un activo concientizador. Tan necesaria en la actualidad como tan conocida en la antigüedad.

Alas veneradas. Ya los primeros asentamientos humanos en la zona los conocían. Los mayas observaron con detenimiento a los murciélagos, llamándolos Zotz. Por su hábito nocturno eran maestros de la vida y la muerte. Seres del inframundo. Valorados e incluidos en la cosmovisión maya a través de estelas, códices y vasijas que retrataron el día a día.

A tan solo 8 kilómetros de distancia de la cueva de los murciélagos, se encuentra la zona arqueológica Balam-kú. En uno de sus templos, al interior de una tumba y como parte de una ofrenda funeraria, fueron hallados singulares platos con cuatro murciélagos pintados. Están representados con las alas extendidas y gotas de sangre en la boca. El hecho de posar con las alas extendidas denota estar en vuelo, como si saliesen del inframundo. Es un simbolismo utilizado para entender el camino de los gobernantes hacia otro mundo, hacia el fondo de la cueva.

El sentido de viajar.  El interior de la selva maya esconde magia tras de sí. Los sentidos se agudizan al recorrer empedrados caminos. Escuchar el aullido de los monos. Olfatear la esencia de las orquídeas y sentir la textura de las hojas. No cabe duda que la naturaleza pone en evidencia infinitas formas de vida. Y el verde paraje invita a convertirnos en viajeros  exploradores descubriendo las maravillas naturales y observando con detenimiento el resurgir de millones de murciélagos al atardecer, para reflexionar entonces que emprender el vuelo no solo es extender las alas sino explorar la fascinación sagrada.

Berenice Ceballos García.